Paisaje Diógenes y el Lago
Oleo sobre lienzo de escena de Diógenes y el Lago de Nicolas Poussin realizada por Francois Xavier Frabe, firmada en ángulo inferior derecho en rojo «d´apres N Poussin / F.X. Fabre».
Marco francés original dorado y tallado en estuco.
Medidas: 67 x 56 cm con marco
Ref. 2805
Oleo Lienzo representando al filósofo griego Diógenes mirando a un joven bebiendo con la mano ahuecada de un estanque, la copa del filósofo ahora considerada inútil, yace a sus pies. Al fondo paisaje clásico romano identificado como el palacio Belvedere y lago.
La obra original es de Nicolas Poussin, famoso pintor francés que destacó por introducir un estilo nuevo más clasicista, nacida del conocimiento de la antigüedad clásica y de una profunda observación de la naturaleza. Se dedico a escenas mitológicas, alegóricas, históricas y ampliamente al paisaje, unas veces como fondo de sus composiciones y otras como verdadero protagonista. Poussin es el prototipo de artista filósofo, preocupado por la expresión del su arte, al que dotó de un sobrio contenido moral; simbolizando una acción humana que trasmite un mensaje, en esta obra hace referencia a su frase «este niño es más vivo que yo» al no necesitar una vasija para beber agua.
Este cuadro ha sido reproducido en grabados y por famosos pintores como Samuel Morse expuesto en la galería del Louvre.
La obra que poseemos esta firmada en rojo en el ángulo inferior derecho «»d´apres N Poussin / F.X. Fabre ff». Artista expuesto en Museos como el del Prado «Retrato de los Reyes de Etruria», Getty Museum de Los Angeles, Uffizi Gallery, y colecciones particulares.
Francois Xavier Febre (Montpellier, 1766-1837). Pintor y grabador francés. Se formó en la Escuela de Dibujo de Montpellier con Jean Cousteau, y en 1783 entró en el taller de Jacques-Louis David y en la Escuela de la Real Academia de Bellas Artes de París. En 1787 ganó el gran premio de Roma, pasando allí los cuatro años siguientes como pensionado de la Academia de Francia. Ante las tensiones políticas de Roma, en 1793 se trasladó a Florencia, donde gracias a su amistad con el poeta Vittorio Alfieri y a la amante de éste, la condesa de Albania, se introdujo en la vida social y artística florentina, donde trabajó para las figuras más relevantes de la región. Sobrevivió a los vaivenes políticos de la época y consiguió adaptarse a los cambios de clientes y gustos. Tras la invasión francesa de la Toscana, retomó los contactos con Francia, de los que se conserva mucha de su correspondencia con otros artistas compatriotas. Autor heterogéneo en los temas, realizó pinturas de historia, de mitología, de religión, así como paisajes y retratos, género este último que practicó fundamentalmente a partir de la entrada del nuevo siglo. Además, fue un gran coleccionista de arte y grabador. En 1825, tras la muerte de la condesa de Albania, regresó a Montpellier, donando su colección al museo de la ciudad -del que fue director y que a partir de entonces se denominó Musée Fabre- e impulsó la creación de la nueva Escuela de Bellas Artes y de una biblioteca. Su estilo combina las influencias del clasicismo de Poussin -presente en sus composiciones y en el tratamiento dramático de sus obras- y el neoclasicismo estricto de David, que se aprecia en la definición de los contornos y el uso expresivo de la luz, que destaca a los protagonistas iluminándolos sobre el fondo oscuro.
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