San Juan de Dios con el Niño, pintado al óleo sobre tela. Obra de tema religioso en la que el santo ocupa todo el espacio de la composición.
Se representa a San Juan de Dios en una iconografía muy singular: viste el hábito de su orden hospitalaria en color marrón con capuz, rostro joven e imberbe, con gran rosario que pende del cuello. El Niño aparece sobre su hombro —no en brazos—, vestido con manto en movimiento, con una mano en actitud de bendecir y en la otra un corazón con estrella y cruz, mientras una paloma (símbolo del Espíritu Santo) se acerca hacia Él.
El fondo, alegre y colorido, está compuesto por flores, arbustos y pájaros que evocan la naturaleza local, integrando la tradición religiosa europea con elementos propios del arte andino.
La Escuela Cusqueña se caracteriza por su originalidad y su gran valor artístico, fruto de la fusión entre la tradición occidental y la visión de los pintores indígenas y mestizos. Sus obras se distinguen por el uso de temas principalmente religiosos, ausencia de perspectiva, predominio de los tonos rojos, amarillos y tierras, y una libertad creativa que las separa de los modelos europeos.
Los artistas cusqueños solían adaptar las escenas para incorporar flora y fauna autóctonas, logrando composiciones de fuerte carácter simbólico y devocional. La mayoría de las obras fueron realizadas de forma anónima, en talleres colectivos, siguiendo la concepción precolombina del arte como creación comunal.























